| Señoras y señores:
No os llaméis a engaño si en lugar de invitaros a asistir a la interpretación de un sueño extenso y acabado me limito una vez más a presentaros fragmentos de interpretaciones. Me diréis, sin duda, que tras de una tan detenida preparación tenéis ya derecho a ser tratados con más confianza y que después de la feliz interpretación de tantos miles de sueños debería haberse podido reunir, hace ya mucho tiempo, una colección de excelentes ejemplos que nos ofrecieran todas las pruebas deseadas en favor de la totalidad de nuestras afirmaciones sobre la elaboración onírica y las ideas latentes. Así debiera ser, en efecto, pero he de advertiros que a la realización de vuestro deseo se oponen numerosas dificultades. Ante todo, he de indicaros que no existen personas que hagan de la interpretación de los sueños su ocupación principal. Mas entonces, ¿cuándo tenemos oportunidad de interpretar un sueño? En ocasiones nos ocupamos sin intención ninguna especial de los sueños de una persona amiga o analizamos durante una temporada los nuestros propios con el fin de ejercitarnos en la técnica psicoanalítica, pero la mayoría de las veces se trata de sueños de personas nerviosas sometidas al tratamiento analítico. Estos últimos sueños constituyen un excelente material nada inferior al que nos proporcionan los de personas sanas, pero la técnica del tratamiento nos obliga a subordinar su interpretación a las exigencias terapéuticas y a abandonar muchos de ellos en cuanto logramos extraer los datos de que para el tratamiento precisamos. Algunos de los sueños que se producen durante la cura escapan a una interpretación completa, pues habiendo surgido del conjunto total de los materiales psíquicos que aún ignoramos, no podemos comprenderlos sino una vez terminado el tratamiento. La comunicación de estos sueños necesitaría ser precedida de una exposición detallada de los misterios de la neurosis, labor que no entra en nuestros propósitos, dado que consideramos aquí el estudio de los sueños como una preparación al de las neurosis.
Ante estas circunstancias opinaréis quizá que debemos renunciar a esta clase de sueños para limitarnos a la explicación de los nuestros propios o de los de personas de salud normal. Pero también esto resulta imposible, dado el contenido de uno y otros. No podemos confesarnos en público ni tampoco revelar lo que sabemos de aquellas personas que en nosotros han puesto su confianza, con toda la franqueza y sinceridad que exigiría una interpretación completa de los sueños, los cuales, como sabéis, proceden de lo más íntimo de nuestra personalidad. Aparte de esta dificultad para procurarnos materiales, existe aún otra razón que se opone a la comunicación de los sueños. Si éstos aparecen ya a los ojos del sujeto mismo como algo singular y extraño, mucho más lo han de ser para aquellos que no conocen a la persona que los ha soñado. Nuestra literatura no carece de excelentes análisis completos de sueños y yo mismo he publicado algunos en los historiales clínicos de varios de mis pacientes. Pero de todas las interpretaciones publicadas, la más bella es la realizada por O. Rank de dos sueños de una muchacha, íntimamente enlazados uno con otro. Su exposición no ocupa sino dos páginas, y en cambio, su análisis, setenta y seis. Para abordar un análisis de este genero en mi actual exposición me sería preciso cerca de un semestre.
Cuando emprendemos la interpretación de un sueño un poco extenso y considerablemente deformado, precisamos tantos esclarecimientos, tenemos que anotar tantas ocurrencias y recuerdos del sujeto y se nos imponen tantas digresiones, que la exposición de la labor interpretadora alcanzaría una excesiva amplitud y no llegaría a satisfacer vuestros deseos. Debo, pues, rogaros que os contentéis con aquello que podamos obtener más fácilmente, esto es, con la comunicación de pequeños fragmentos de sueños de personas neuróticas, fragmentos cuyo examen e interpretación pueden confirmar aisladamente varias de nuestras afirmaciones. Lo que de estos sueños se presta más fácilmente a la demostración es el simbolismo onírico y determinadas particularidades de la representación regresiva. En cada uno de los sueños que a continuación voy a exponeros comunicaré las razones por las que me parecen merecer ser publicados.
1º. Comenzaremos por un sueño que se compone tan sólo de dos breves imágenes: su tío fuma un cigarrillo a pesar de ser sábado.-Una mujer le besa y le acaricia como si fuera hijo suyo. A propósito de la primera imagen, el sujeto, que es judío, nos comunica que su tío, hombre piadoso, no ha cometido jamás, ni es, en general, capaz de cometer el pecado de fumar en sábado. La mujer que figura en la segunda imagen le sugiere exclusivamente el recuerdo de su madre. Existe, desde luego, una relación entre estas dos imágenes o ideas, pero a primera vista no sospechamos cuál puede ser. Como el sujeto excluye en absoluto la realidad del acto de su tío, nos inclinamos a reunir las dos imágenes por una relación de dependencia temporal: «En el caso en que mi tío, tan piadoso, se decidiera a fumar un cigarrillo en sábado, podría yo dejarme acariciar por mi madre.» Esto significa que las caricias entre madre e hijo constituyen algo tan poco permitido como para un judío piadoso el fumar en sábado. Ya os he dicho, y sin duda lo recordaréis, que en la elaboración del sueño todas las relaciones entre las ideas oníricas quedan suprimidas, siendo éstas reducidas al estado de primera materia y hallándose a cargo de la interpretación el reconstruir las relaciones desaparecidas.
2º. Tras de mis publicaciones sobre los sueños he llegado a ser, hasta cierto punto, un consultor oficial sobre todo lo relativo al fenómeno onírico, y recibo, desde hace muchos años, cartas de las más diversas procedencias, en las cuales se me comunican sueños o se me pide mi opinión sobre ellos. Naturalmente, agradezco que se me envíen materiales suficientes para hacer posible la interpretación o que se me propongan por el sujeto proyectos de la misma. A esta categoría pertenece el sueño siguiente, que me ha sido comunicado en 1910 por un estudiante de Medicina muniqués. Lo cito aquí para demostraros cuán difícil es, en general, comprender un sueño mientras el sujeto del mismo no nos proporciona todas las informaciones necesarias. Al mismo tiempo, voy a evitaros incurrir en un grave error, pues sospecho que os halláis inclinados a considerar como la interpretación ideal de los sueños aquella que se base en la de los símbolos y a colocar en segundo plano la técnica fundada en las asociaciones del sujeto.
13 de julio de 1910: Cerca ya de la mañana sueño lo siguiente: Desciendo en bicicleta por las calles de Tubinga y un «basset» negro se precipita tras de mí y me muerde en el talón. Bajo de la bicicleta un poco más lejos, y sentándome en una gradería comienzo a defenderme contra el furioso animal, que se niega a soltar su presa. (Ni la mordedura ni la escena que le sigue me hacen experimentar sensación ninguna desagradable.) Frente a mí se hallan sentadas dos señoras de edad que me miran con aire burlón. Al llegar el sueño a este punto me despierto, y como ya me ha sucedido más de una vez, en el mismo momento de pasar del sueño al estado de vigilia, todo mi sueño se me aparece con perfecta claridad. Los símbolos nos prestarían aquí muy escaso auxilio. Pero el sujeto nos comunica lo siguiente: «Desde hace algún tiempo estoy enamorado de una muchacha que no conozco sino por haberla encontrado a menudo en la calle, aunque no he tenido jamás ocasión de aproximarme a ella. Me hubiera satisfecho grandemente que esta ocasión me hubiese sido proporcionada por el basset, pues tengo gran cariño a los animales y creo haber adivinado el mismo sentimiento en la muchacha.» Añade después que este cariño a los animales le ha llevado a intervenir varias veces, causando la sorpresa de los transeúntes, para separar a perros que se peleaban, y nos dice también que la muchacha de la que se había enamorado iba siempre acompañada por un perro como el de su sueño. Pero en el contenido manifiesto de este último desaparece la joven y sólo queda el perro asociado a su aparición. Es posible que las señoras que en el sueño se burlan del durmiente constituyan una sustitución de la muchacha, pero las informaciones del sujeto no bastan para aclarar este punto. El hecho de verse en el sueño montando en bicicleta constituye la reproducción directa de la situación recordada, pues en realidad las veces que había hallado en su camino a la joven del basset iba él en bicicleta.
3º. Cuando alguien pierde a una persona querida, suele tener, durante largo tiempo, singulares sueños, en los cuales hallamos las transacciones mas sorprendentes entre la certidumbre de la muerte y la necesidad de hacer revivir a la persona fallecida. Unas veces se halla ésta muerta, pero continúa, sin embargo, viva, pues no sabe que ha fallecido y sólo fallecería «por completo» en el momento en que lo supiese, y otras está medio viva y medio muerta, distinguiéndose cada uno de estos estados por signos particulares. Erraríamos calificando de absurdos estos sueños, pues la resurrección no es más inadmisible en ellos que, por ejemplo, en los cuentos, los cuales nos la presentan como un suceso muy corriente. De mis análisis de estos sueños he deducido que son susceptibles de una explicación racional y que el piadoso deseo de hacer revivir al muerto sabe satisfacerse por los medios más extraordinarios. Voy a citaros un sueño de este género, que parece extraño y absurdo y cuyo análisis os revelará mucho de lo que nuestras consideraciones teóricas han podido haceros prever. Es el sueño de un individuo cuyo padre había muerto algunos años antes.
El padre ha muerto, pero ha sido exhumado y tiene mala cara. Permanece en vida desde su exhumación, pero el sujeto hace todo lo posible para que no lo advierta. (Al llegar a este punto pasa el sueño a otras cosas aparentemente muy alejadas de su principio.) La muerte del padre sabemos que es real; en cambio, su exhumación no corresponde a realidad ninguna, como tampoco los detalles ulteriores del sueño, pero el sujeto nos cuenta que «cuando volvió del entierro de su padre sintió un agudo dolor de muelas, y queriendo aplicar a la muela enferma el precepto de la religión judía que dice: 'Cuando una muela te hace sufrir, arráncala', fue a casa del dentista. Mas este le dijo: 'No hay necesidad de sacarle a usted la muela con tanta premura. Es preciso tener paciencia. Por lo pronto voy a ponerle a usted algo que le quite el dolor y mate el nervio. Vuelva usted dentro de tres días; le extraeré entonces el nervio muerto, y podrá conservar la muela'».Al llegar a este punto del análisis, exclamó de repente el sujeto que sin duda aquella «extracción» era lo que correspondía a la exhumación de su padre en el sueño.
Veamos si esta interpretación es la acertada. En parte, sí, pero sólo en parte, pues no es la muela lo que debía ser extraído, sino únicamente el nervio. Mas es ésta una de las numerosas imprecisiones que con gran frecuencia se observan en los sueños. En este caso habría el sujeto realizado una condensación, fundiendo en un solo elemento al fallecido padre y a la muela muerta, pero conservada. Nada de extraño tiene que de esta condensación haya resultado en el sueño manifiesto un absurdo, pues todo lo que de la muela puede decirse no resulta aplicable al padre. Pero, ¿cuál será entonces el «tertium comparationis» entre el padre y la muela, que ha hecho posible tal condensación? La existencia de una relación entre los elementos condensados es casi indudable, pues el sujeto mismo nos dice que sabe que cuando soñamos perder una muela es señal de que pronto fallecerá algún miembro de nuestra familia. Sabemos que esta interpretación popular es inexacta o sólo es exacta en un sentido especial, y por tanto observaremos con asombro que este mismo tema vuelve a aparecer detrás de todos los demás fragmentos del contenido de este sueño.
Sin que a ello le solicitemos, continúa el sujeto, en el análisis, hablándonos de la enfermedad y muerte de su padre, así como también de su actitud para con el mismo. La enfermedad del padre había durado largo tiempo, y la asistencia y tratamiento había costado al hijo mucho dinero. Sin embargo, él no se había quejado jamás ni manifestado la menor impaciencia o deseo de que llegase el final de todo aquello. Por lo contrario, se vanagloria de haber sentido siempre por su padre un cariño extraordinario y de haberse conformado estrictamente, en sus relaciones con él, a las piadosas prescripciones de la ley judía. Pero advertimos una contradicción entre estas manifestaciones y las ideas relacionadas con el sueño. El sujeto ha identificado la muela y el padre. La primera debía ser arrancada conforme a la ley judía, que ordena hacerlo así en el instante en que nos causa dolor o desagrado. En cambio, para con su padre debía conducirse, en obediencia, a otro principio de la misma ley, de un modo totalmente contrario, esto es, aceptando con resignación los gastos y contrariedades y rechazando toda intención hostil contra el objeto causa del dolor. ¿No sería mucho más completa la semejanza entre las dos situaciones si el hijo hubiese sentido, con respecto al padre, idénticos impulsos que con respecto a la muela, esto es, si hubiese deseado que la muerte viniera a poner fin a la existencia inútil, dolorosa y costosa del mismo? Por mi parte, estoy persuadido de que tales fueron, en efecto, los sentimientos de nuestro sujeto durante la penosa enfermedad de su padre, y creo firmemente que sus vivas protestas de cariño filial no tenían otro objeto que desviar su pensamiento del recuerdo de tales sentimientos reprochables. En las situaciones de este género, se experimenta generalmente el deseo de que la muerte llegue a ponerles término; pero este deseo se disfraza de cariñosa piedad y se manifiesta en la reflexión de que lo mejor que puede desearse al enfermo es que deje de sufrir.
Observad, sin embargo, que hemos traspasado aquí el límite de las ideas latentes. La primera parte de las mismas no fue ciertamente inconsciente, sino durante poco tiempo, esto es, durante la formación del sueño, mientras que los sentimientos hostiles contra el padre debían de existir en estado inconsciente desde largo tiempo atrás, quizá desde la misma infancia del sujeto, siendo tan sólo durante la enfermedad cuando hallaron una ocasión para insinuarse tímidamente en la conciencia, después de sufrir una considerable deformación. Esto mismo lo podemos también afirmar, y todavía con mayor seguridad, de otras de las ideas latentes que han contribuido a constituir el contenido del sueño. En éste no se descubre huella ninguna de sentimientos hostiles contra el padre del sujeto; pero si, generalizando, buscamos en la vida infantil la raíz de una tal hostilidad de los hijos contra el padre, recordaremos que ya en estos tempranos años surge en los primeros el temor al segundo, temor basado en la coerción que el mismo ejerce sobre las primeras actividades sexuales del muchacho y que, por razones sociales, es mantenida luego, incluso en los años siguientes a la pubertad. A esta causa obedece también, en nuestro caso, la actitud del sujeto con respecto a su padre, pues a su cariño filial se mezclaban sentimientos de temor y respeto originados por la temprana coerción que el mismo había ejercido sobre su actitud sexual.
Los restantes detalles del sueño manifiesto se explican por el complejo del onanismo. El detalle tiene mala cara (Er sieht schlecht aus) puede ser una reminiscencia de lo que el dentista dijo al sujeto sobre lo feo que haría la mella que habría de quedar al extraer la muela enferma (Es wird schlech aussehen), pero se refiere también a la mala cara (schlechtes Aussehen) con la que el adolescente delata o teme delatar su exagerada actividad sexual. No sin cierto alivio para su propia conciencia traslada el sujeto, en el contenido manifiesto del sueño, la «mala cara», a su padre, por medio de una de aquellas inversiones de que ya os he hablado, características de la elaboración onírica. El que el padre continúe viviendo después de su exhumación corresponde tanto al deseo de resurrección como a la promesa del dentista de que quizá no haya necesidad de extraer la muela. La frase «El sujeto hace todo lo posible para que (el padre) no lo advierta» es de una gran sutileza, pues tiene por objeto sugerirnos la falsa conclusión de que constituye un indicio de la realidad, o sea del fallecimiento del padre. Pero la única interpretación acertada de este elemento nos la proporciona de nuevo el complejo de onanismo, pues comprendemos fácilmente que el joven haga todo lo posible por ocultar a su padre su vida sexual. Recordad, por último, que siempre que hemos emprendido la investigación de un sueño estimulado por un dolor de muelas, nos hemos visto obligados a recurrir, para interpretarlo, al complejo de onanismo y al temido castigo por esta práctica contra naturaleza.
Comprenderéis ahora cómo ha podido formarse este sueño que tan ininteligible parecía. Para darle origen han concurrido muy diversos procesos, verificándose una condensación singular y engañosa, un desplazamiento de todas las ideas fuera del centro de gravedad del contenido latente y una creación de varias formaciones sustitutivas que han tomado el lugar de aquellas ideas del sueño que poseían una mayor profundidad y se hallaban más lejanas en el tiempo.
4º. ya varias veces hemos intentado abordar aquellos sueños sobrios y triviales que no contienen nada absurdo o extraño, pero que nos hacen preguntarnos por qué razón soñamos cosas tan indiferentes. Voy ahora a citaros un nuevo ejemplo de este género: tres sueños enlazados unos con otros y soñados por una muchacha en una misma noche.
a) Atraviesa el salón de su casa y se da con la cabeza contra la araña que pende del techo, haciéndose sangre. Ningún recuerdo ni reminiscencia de suceso alguno real surgen a propósito de este sueño en la imaginación de la sujeto, y las indicaciones que ésta nos proporciona versan sobre temas muy diferentes. «No sabéis -nos dice- cómo se me está cayendo el pelo en estos días. Mi madre me dijo ayer que, si continuaba así, mi cabeza quedaría pronto tan monda como un trasero.»
La cabeza aparece, pues aquí como un símbolo de la parte opuesta del cuerpo, y siendo también evidente la significación simbólica de la araña, dado que todos los objetos alargados son símbolos del órgano sexual masculino, habremos de deducir que se trata de una hemorragia de la parte inferior del tronco a consecuencia de una herida ocasionada por el pene. Esta circunstancia podría interpretarse en varios sentidos, pero las restantes informaciones de la sujeto nos muestran que el contenido latente de su sueño es la creencia, muy generalizada en las muchachas aún no llegadas a la pubertad, de que las reglas son provocadas por las relaciones sexuales con el hombre.
b) Ve en la viña una fosa profunda que sabe proviene de haber arrancado un árbol. A este propósito observa la sujeto que le faltaba el árbol. Quiere decir, con esto, que no lo vio en su sueño, pero este modo de expresarse es idéntico al que serviría para manifestar una distinta idea que la interpretación simbólica nos revela con toda certidumbre. El sueño se refiere, en efecto, a otra teoría sexual infantil, según la cual las niñas poseen al principio los mismos órganos sexuales que los niños, perdiéndolos después por castración (arrancamiento de un árbol).
c) Se halla ante el cajón de su escritorio, cuyo contenido le es tan familiar, que nota en seguida la menor intervención de una mano ajena. El cajón del escritorio es, como todo cajón, caja o arca, la representación simbólica del órgano sexual femenino. La sujeto sabe que las huellas de las relaciones sexuales (según su creencia, también en los tocamientos) son fácilmente reconocibles, creencia que le ha procurado grandes preocupaciones. A mi juicio, lo más importante de estas tres sueños son los conocimientos sexuales de la sujeto, la cual recuerda la época de sus reflexiones infantiles sobre los misterios de la vida sexual.
5º. Veamos otro sueño simbólico. Pero esta vez habré de exponer brevemente, antes de entrar en el análisis, la situación psíquica del sujeto. Un individuo que ha pasado una noche de amor con una mujer habla de esta última como de una de aquellas naturalezas maternales en las que el sentimiento amoroso se funda exclusivamente en el deseo de tener un hijo. Pero las circunstancias en que su encuentro ha tenido lugar han sido tales, que el sujeto se ha visto obligado a tomar precauciones contra un posible embarazo de su amante, y ya sabemos que la principal de estas precauciones consiste en impedir que el líquido seminal penetre en los órganos genitales de la mujer. Al despertar de aquella noche, cuenta la señora el siguiente sueño: Un oficial, tocado con una gorra encarnada, la persigue por la calle. Ella echa a correr por una cuesta arriba, llega sin aliento a su casa, entra a y cierra la puerta con llave. El oficial queda fuera. y mirando ella por el ventanillo, le ve sentado en un banco y llorando. En la persecución por el oficial con la gorra encarnada y en la anhelante fuga de la sujeto, cuesta arriba, reconoceréis sin esfuerzo la representación del acto sexual. El hecho de que la sujeto se encierre para librarse de su obstinado perseguidor nos presenta un ejemplo de aquellas inversiones que tan frecuentemente se producen en los sueños, pues, en realidad, había sido el hombre el que se había sustraído a la perfección del acto sexual realizado. Del mismo modo desplaza también la sujeto su tristeza, atribuyéndola a su compañero, y es a el al que ve llorar en el sueño, llanto que constituye igualmente una alusión a la emisión de esperma.
Habéis sin duda oído decir que, según el psicoanálisis, todos los sueños tienen una significación sexual, pero ahora podréis observar por vosotros mismos hasta qué punto este juicio es equivocado. Conocéis ya sueños que son realizaciones de deseos, otros en los que se trata de la satisfacción de las necesidades más fundamentales, como el hambre, la sed y el ansia de libertad, y, por último, los que hemos denominado sueños de comodidad y de impaciencia, y otros puramente avariciosos o egoístas. Lo que sí es indiscutible y debéis tener siempre presente como uno de los resultados de la investigación psicoanalítica es que los sueños que aparecen considerablemente deformados son en su mayoría -aunque tampoco siempre- la expresión de deseos sexuales.
6º. Tengo motivos especiales para acumular aquí numerosos ejemplos de empleo de los símbolos en los sueños. Ya en mis primeras lecciones os dije cuán difícil era, en la enseñanza del psicoanálisis, proporcionar pruebas que demuestren nuestras teorías, conquistándonos la convicción de nuestros oyentes, afirmación cuya verdad habréis podido confirmar repetidas veces. Pero existe entre las diversas proposiciones del psicoanálisis un enlace tan íntimo, que la convicción adquirida sobre un único punto puede extenderse a una gran parte de la totalidad. Pudiera decirse del psicoanálisis que basta con entregarle un dedo para que se tome toda la mano. De este modo, aquellos que llegan a comprender y aceptar la explicación de los actos fallidos se ven obligados, si no quieren hacerse reos de una falta de lógica, a admitir todo el resto. En el simbolismo de los sueños se nos ofrece otro de tales puntos fácilmente accesibles. Voy, pues, a continuar ocupándome de esta cuestión, exponiéndoos el sueño, ya publicado, de una mujer perteneciente a la clase popular y casada con un agente de Policía, persona que, como es natural, no ha oído hablar jamás del simbolismo onírico ni del psicoanálisis. Vosotros mismos juzgaréis si la interpretación de este sueño con el auxilio de símbolos sexuales puede ser considerada como arbitraria y forzada.
... Alguien se introdujo entonces en la casa, y llena ella de angustia, llamó a un agente de Policía. Pero éste, de acuerdo con dos ladrones, había entrado en una iglesia a la que daba acceso una pequeña escalinata. Detrás de la iglesia había una montaña cubierta, en su cima, de espeso bosque. El agente de Policía llevaba casco, gola y capote. Su barba era poblada y negra. Los dos vagabundos que tranquilamente le acompañaban llevaban a la cintura unos delantales abiertos en forma de sacos. De la iglesia a la montaña se extendía un camino bordeado de matorrales que se iban haciendo cada vez más espesos, hasta convertirse en un verdadero bosque al llegar a la cima. Recordaréis aquí sin esfuerzo alguno los símbolos empleados. Los órganos genitales masculinos se hallan representados por la reunión de tres personas, y los femeninos, por un paisaje, compuesto de una capilla, una montaña y un bosque. Los escalones que dan acceso a la iglesia constituyen un símbolo del acto sexual, y aquello que en el sueño aparece como una montaña, lleva en Anatomía el mismo nombre: Monte de Venus.
7º. He aquí otro sueño que debe ser interpretado con ayuda de los símbolos y es harto instructivo y probatorio por ser el sujeto mismo el que ha traducido todos sus símbolos, a pesar de no poseer el menor conocimiento teórico de la interpretación onírica, circunstancia nada frecuente y cuyas condiciones nos son aún muy poco conocidas.
Pasea con su padre por un lugar que seguramente es el Prater, pues se ve la rotonda, y delante de ella, un pequeño edificio anejo, al que se halla amarrado un globo cautivo medio deshinchado. Su padre le interroga sobre la utilidad de todo aquello, pregunta que le asombra, pero a la cual da, sin embargo, la explicación pedida. Llegan después a un patio sobre cuyo suelo se extiende una gran plancha de hojalata. El padre quiere cortar un pedazo de ella, pero antes mira en derredor suyo para cerciorarse de que nadie puede verle. El sujeto le dice entonces que basta con prevenir al guarda para poder llevarse todo lo que se quiera. Partiendo de este patio, desciende una escalera a una fosa, cuyas paredes se hallan acolchadas en la misma forma que las cabinas telefónicas. Al extremo de esta fosa se encuentra una larga plataforma, tras de la cual comienza otra fosa idéntica... El sujeto interpreta por si mismo: «La rotonda representa mis órganos genitales, y el globo cautivo que se encuentra ante ella no es otra cosa que mi pene, cuya facultad de erección ha disminuido desde hace algún tiempo.» O más exactamente traducido; la rotonda es la región anal -que ya el niño considera generalmente como una parte del aparato genital-, y el pequeño anejo que se alza ante esta rotonda y al cual se halla sujeto el globo cautivo representa los testículos. En el sueño le pregunta su padre qué es lo que todo aquello significa; esto es, cuáles son el fin y la función de los órganos genitales. Sin riesgo de equivocarnos podemos invertir la situación y admitir que realmente es el hijo el que interroga.
No habiendo planteado nunca el padre en la vida real semejante interrogación al hijo, debe considerarse esta idea como un deseo o interpretarla condicionalmente; esto es, en la forma que sigue: «Si yo hubiera pedido a mi padre informaciones relativas a los órganos sexuales...» Más adelante hallaremos la continuación y el desarrollo de esta idea. El patio sobre cuyo suelo se halla extendida la plancha de hojalata no debe ser considerado en esencia como un símbolo, pues forma parte del local en que el padre ejerce su comercio. Por discreción he reemplazado por la hojalata el artículo en que realmente comercia el padre sin cambiar en nada más el texto del sueño. El sujeto del mismo, que ayuda a su padre en los negocios, ha visto desde el primer día con gran repugnancia lo incorrecto de algunos de los procedimientos en los que en gran parte reposa el beneficio obtenido. Así, pues, podemos dar a la idea que antes dejamos interrumpida la continuación siguiente: «Si yo hubiera preguntado a mi padre..., me hubiera engañado, como engaña a sus clientes.» El deseo del padre de cortar y llevarse un pedazo de la plancha de hojalata pudiera ser una representación por su falta de honradez comercial, pero el sujeto mismo del sueño nos da otra explicación distinta, revelándonos que es un símbolo del onanismo, interpretación que coincide con nuestro conocimiento de los símbolos y con el hecho de que el secreto en que se han de realizar las prácticas masturbadoras quede expuesto en el sueño por la idea contraria, pues el hijo dice al padre que si quiere arrancar un pedazo de hojalata, debe hacerlo abiertamente pidiendo permiso al guarda.
Tampoco nos extraña ver al hijo atribuir al padre las prácticas masturbatorias, del mismo modo que le ha atribuido la interrogación en la primera escena del sueño. La fosa acolchada es interpretada por el sujeto del sueño como una evocación de la vagina con sus suaves y blancas paredes, interpretación a la que por nuestra cuenta añadiremos que el descenso a la fosa significa como en otros casos el acto de subir a alguna parte: la realización del coito. La circunstancia de que la primera fosa se hallaba seguida de una larga plataforma, al final de la cual comenzaba otra nueva fosa, nos la explica el sujeto por un detalle biográfico. Después de haber tenido frecuentes relaciones sexuales se halla privado de ellas por una enfermedad que le impide realizar el coito, y espera que un tratamiento a que se ha sometido le devuelva su perdido vigor.
8º. Los dos sueños que siguen fueron soñados por un extranjero de disposiciones poligámicas muy pronunciadas. Los cito aquí para mostraros que es siempre el yo del soñador el que aparece en el sueño, aun cuando permanezca oculto o disimulado en el contenido manifiesto. Las maletas que figuran en estos sueños son símbolos femeninos.
a) se halla próximo a partir y manda a la estación, en un coche, su equipaje, compuesto por un gran número de maletas, entre las cuales descuellan dos de gran tamaño y forradas de negro, análogas a las que usan los viajantes para llevar las muestras. El sujeto dice a alguien, con tono consolador: «Estas no van más que hasta la estación.» El sujeto viaja, en efecto, con mucho equipaje, pero, además, relató durante el tratamiento un gran número de aventuras amorosas. Las dos maletas negras corresponden a dos mujeres morenas que desempeñan actualmente en su vida un papel de gran importancia. Una de ellas quería seguirle a Viena, pero a mi instancia le telegrafió que se abstuviera de hacer tal viaje.
b) Una escena en la aduana: Uno de sus compañeros de viaje abre su baúl y dice, mientras fuma negligentemente un cigarrillo: «Ahí dentro no hay nada.» El aduanero parece creerle, pero comienza a registrar y encuentra algo cuya importación se halla totalmente prohibida. El viajero dice entonces con resignación: «¡Qué le vamos a hacer!» El viajero es el sujeto mismo del sueño, y el aduanero, yo. Generalmente muy sincero en sus confesiones, ha querido ocultarme las relaciones que acaba de iniciar con una señora, pues suponía, con razón, que dicha señora no me era desconocida. En su sueño ha transferido a un tercero la penosa situación de aquel que es cogido en una mentira, y ésta es la razón de que no figure personalmente en él.
9º. He aquí un ejemplo de un símbolo que aún no he mencionado en estas lecciones: Encuentra a su hermana en compañía de dos amigas, hermanas también entre sí. Tiende la mano a estas últimas, y en cambio a su hermana no. Este sueño no se enlaza a ningún suceso real, pero los recuerdos del sujeto le conducen a una época en la que por vez primera observó que los senos femeninos se desarrollan muy lentamente, y se preguntó cuál podía ser la causa. Las dos hermanas de sus sueños representan, pues, dos senos femeninos que cogería gustoso con su mano, siempre que no fueran los de su hermana.
10º. He aquí un ejemplo de simbolismo de la muerte en el sueño: Pasa sobre un puente de hierro muy elevado con dos personas a las que conoce pero cuyo nombre ha olvidado al despertar. De repente desaparecen sus acompañantes y ve ante sí una figura espectral que lleva un gorro en la cabeza y va vestida con un traje de lienzo. Le pregunto si es el repartidor de telégrafos... No. Luego si es el cochero. No. Continúa después su camino. Experimenta todavía antes de despertar una gran angustia, e incluso una vez despierto prolonga su sueño imaginando que el puente de hierro se hunde y le precipita consigo al abismo. Aquellas personas que el sujeto de un sueño no reconoce en el mismo o cuyo nombre dice haber olvidado al despertar son casi siempre individuos de su familia o intimidad. El sujeto de este sueño tiene un hermano y una hermana, y si desea o ha deseado alguna vez su muerte, es justo que experimente por su parte el miedo a la misma. Con respecto al repartidor de telégrafos, observa el interesado en el análisis que los que tal oficio ejercen suelen ser siempre portadores de malas noticias. Mas, por el uniforme que el extraño individuo vestía, podía también ser un farolero, los cuales, como sabemos, no se hallan encargados solamente de encender los faroles, sino también de apagarlos, siendo en esto semejantes al genio de la muerte, que apaga la antorcha de la vida. A la idea de «cochero» asocia el recuerdo del poema de Uhland sobre las travesías del rey Carlos, y evoca a este propósito un peligroso viaje por mar que efectuó con dos camaradas, y durante el cual desempeñó igual papel que el rey en el poema citado. Con relación al puente de hierro recuerda un grave accidente acaecido poco tiempo antes y el absurdo aforismo chistoso que dice que la vida es un puente colgante.
11º. Otro ejemplo de representación simbólica de la muerte: un caballero desconocido deja para él una tarjeta de visita con bordes de luto.
12º. El sueño siguiente, que tiene entre sus antecedentes un estado neurótico, habrá de interesarnos por diversas circunstancias: El sujeto viaja en ferrocarril. El tren se detiene en pleno campo. Pensando que se trata de un accidente y que es necesario ponerse en salvo, atraviesa todos los departamentos del convoy y mata a todos aquellos con quienes tropieza: conductor, fogonero, revisor, etc. Con este sueño se enlaza el recuerdo de un relato oído a un amigo suyo: En un departamento reservado de un tren italiano, en el que era conducido un loco al manicomio, se dejó entrar por equivocación a otro viajero, que fue asesinado por el enfermo. El sujeto del sueño se identifica, pues, con este loco, y justifica su acto por la representación obsesiva que le atormenta de cuando en cuando de que debe «suprimir a todos los testigos». Pero después, en el curso del análisis, halla una mejor motivación, que nos revela el punto de partida de su sueño. La víspera había visto en el teatro a una joven con la que se habría casado ya si no le hubiese dado motivo de celos. Pero teniendo en cuenta la gran intensidad que éstos han alcanzado en él, habría sido realmente una locura llegar a casarse con ella. Piensa, pues, el sujeto que su amada le inspira tan escasa confianza que si se hubiera casado hubiera tenido que matar por celos a todos aquellos que hubiera encontrado en su camino. Sabemos ya que el atravesar una serie de habitaciones (en este caso de vagones) es un símbolo del matrimonio.
A propósito de la detención del tren en pleno campo y del temor de un accidente, nos relata el sujeto que un día que viajaba realmente en ferrocarril paró el tren de súbito entre dos estaciones. Una señora joven, que se hallaba a su lado, declaró que iba probablemente a producirse un choque con otro tren, y que en este caso la primera precaución que debe tomarse es poner las piernas en alto. Esta idea de «las piernas en alto» desempeñó también un papel importante en las numerosas excursiones campestres que hizo el sujeto con la joven citada, durante la dichosa época de sus primeros amores, circunstancia que constituye una nueva prueba de que necesitaría estar loco para casarse ahora con ella. A pesar de todo esto, el conocimiento que yo tenía de la situación me permite afirmar que el deseo de cometer tal locura continuaba a pesar de todo persistiendo en él.
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