| Señoras y señores:
SI habéis conseguido formaros una idea de la censura onírica y de la representación simbólica, estaréis en situación de comprender la mayor parte de los sueños, aunque, desde luego, sin conocer todavía a fondo el mecanismo de la deformación de los mismos. Para llegar a esta inteligencia del fenómeno onírico podéis ya serviros de dos técnicas que se completan mutuamente, pues provocaréis la aparición de recuerdos y ocurrencias en el sujeto hasta que podáis llegar desde la sustitución al substrato mismo del sueño y reemplazaréis los símbolos conforme a vuestro conocimiento personal de este género de representación por el significado que les corresponda. En el curso de esta labor tropezaréis con determinadas dificultades, que os harán vacilar; pero de ellas ya trataremos más adelante. Podemos ahora retornar a una labor que ya antes intentamos llevar a cabo y tuvimos que abandonar por no disponer de los medios precisos: la de investigar las relaciones exteriores entre los elementos del sueño y sus substratos. En dicha primera tentativa logramos, sin embargo, establecer que tales relaciones se presentaban en número de cuatro: relación de una parte al todo, aproximación o alusión, relación simbólica y representación verbal plástica. Una vez en posesión de los medios necesarios, reanudaremos esta investigación en más amplia escala, comparando el contenido manifiesto del sueño en conjunto con el sueño latente tal y como la interpretación nos lo revela.
Espero que no confundiréis ya nunca el sueño manifiesto y el sueño latente. Observando siempre esta distinción habréis avanzado en la inteligencia de los sueños más que la mayor parte de los lectores de mi obra sobre los mismos. Permitidme, por último, recordaros que damos el nombre de elaboración del sueño (Traumarbeit) a la labor que transforma el sueño latente en sueño manifiesto, y labor de interpretación, a aquella otra que persigue el fin contrario, o sea el de llegar desde el contenido manifiesto a las ideas latentes, destejiendo la trama urdida por la elaboración. Los sueños de tipo infantil, en los cuales hemos reconocido sin esfuerzo realizaciones de deseos, no por ello han dejado de sufrir una cierta elaboración, consistente en la transformación del deseo en realidad, y casi siempre la de las ideas en imágenes visuales. En estos casos no es necesaria una interpretación, pues basta simplemente con llevar a cabo la transformación inversa. En otros sueños se añaden a estos efectos de la elaboración otros nuevos que constituyen lo que denominamos «deformación onírica», la cual es, a su vez, descifrable por medio de nuestra técnica de interpretación.
Habiendo tenido ocasión de comparar un gran número de interpretaciones oníricas, me hallo en situación de exponeros en forma sintética lo que la elaboración realiza con los materiales de las ideas latentes del sueño. Sin embargo, os ruego que no os precipitéis a deducir conclusiones de lo que voy a deciros, pues ello no es sino una descripción que demanda ser escuchada con una atención reflexiva. El primer efecto de la elaboración onírica es la condensación, efecto que se nos muestra en el hecho de que el contenido manifiesto del sueño es más breve que el latente, constituyendo, por tanto, una especie de traducción abreviada del mismo. Esta condensación, que sólo falta en algunos, muy pocos, sueños, alcanza a veces una considerable intensidad. En cambio, no hallaremos nunca el caso contrario; esto es, el de que el sueño manifiesto sea más extenso que el latente y posea un más rico contenido. La condensación se realiza por uno de los tres procedimientos siguientes: 1º. Determinados elementos latentes quedan simplemente eliminados. 2º. El sueño manifiesto no recibe sino fragmentos de ciertos complejos del latente. 3º. Elementos latentes que poseen rasgos comunes aparecen fundidos en el sueño manifiesto.
Si os parece mejor, podemos reservar el término condensación exclusivamente para este último procedimiento. Sus efectos son muy fáciles de demostrar. Rememorando vuestros propios sueños, encontraréis en seguida casos de condensación de varias personas en una sola. Una persona compuesta de este género tiene el aspecto de A, se halla vestida como B, hace algo que nos recuerda a C, y con todo esto sabemos que se trata de D. En esta formación mixta se halla naturalmente, acentuando un carácter o tributo común a las cuatro personas. De igual manera podemos formar un compuesto de varios objetos o lugares, siempre que los mismos posean uno o varios rasgos comunes que el sueño latente acentuará de un modo particular. Fórmase aquí algo como una noción nueva y efímera que tiene, como nódulo, al elemento común. De la superposición de las unidades fundidas en un todo compuesto resulta, en general, una imagen de vagos contornos, análoga a la que obtenemos impresionando varias fotografías sobre la misma placa. La elaboración onírica debe hallarse muy interesada en la producción de estas formaciones compuestas, que es fácil observar que los imprescindibles rasgos comunes son creados expresamente allí donde en realidad no existen, efectuándose esta creación muchas veces por medio de la elección de una determinada forma verbal para la expresión de una idea.
Conocemos ya condensaciones y formaciones compuestas de este género, pues al tratar de la equivocación oral examinamos algunos casos en los que desempeñaban un importante papel. Recordad, por ejemplo, aquel joven que quiso begleitdigen (palabra compuesta de begleiten-acompañar y beleidigen-ofender) a una señorita. Existen, además, chistes cuya técnica se reduce a una condensación de este género. Pero haciendo abstracción de estos casos, podemos afirmar que el proceso que nos ocupa se nos muestra como algo en extremo singular. La formación de personas compuesta en los sueños halla ciertamente un paralelo en determinadas creaciones de nuestra fantasía, la cual funde a menudo en una unidad elementos heterogéneos; así, los centauros y los animales legendarios de la mitología antigua y de los cuadros de Böcklin; pero la fantasía «creadora» es incapaz de inventar nada y se contenta con reunir elementos de diversa naturaleza. Por otro lado, el proceso de la elaboración presenta la particularidad de que los materiales de que dispone son ideas, algunas de las cuales pueden ser repulsivas e inaceptables, pero que se hallan todas correctamente formadas y expresadas. La elaboración onírica da a estas ideas otra forma, y resulta singular e inexplicable que en esta especie de traducción o transcripción a una distinta lengua o escritura se sirva de la fusión y de la combinación. Una traducción procura, generalmente, respetar las particularidades del texto y no confundir las semejanzas. Por lo contrario, la elaboración se esfuerza en condensar dos ideas diferentes buscando, como en un retruécano, una palabra de varios sentidos, en la cual puedan encontrarse unidas las dos ideas. No os aconsejo que intentéis deducir por ahora una conclusión de esta particularidad. Contentaos interinamente con saber que existe y puede llegar a alcanzar una gran importancia para la concepción de la elaboración onírica.
Aunque la condensación contribuye a la oscuridad del sueño, no nos parece que sea un efecto de la censura, y más bien la referiremos a causas mecánicas y económicas. Pero, no obstante, es utilizada por la censura para sus fines particulares. La condensación puede producir extraordinarios efectos, tales como el de reunir en un sueño manifiesto dos series de ideas latentes por completo heterogéneas, resultando así que podemos obtener una interpretación aparentemente justa de un sueño sin advertir la posibilidad de lo que pudiéramos llamar una interpretación en segundo grado. Uno de los efectos de este proceso es también el de complicar las relaciones entre los elementos del sueño latente y los del manifiesto, haciendo que un solo elemento manifiesto pueda corresponder simultáneamente a varios elementos latentes y que un elemento latente pueda participar en varios manifiestos, formando así una sólida trabazón. Al interpretar los sueños advertimos, además, que las ideas que surgen a propósito en un elemento manifiesto no aparecen en ordenada sucesión. Vemos, pues, que la transcripción que de las ideas latentes realiza la elaboración onírica es de un género poco común. No es ni una traducción literal ni una selección conforme a determinadas reglas, como cuando sólo reproducimos las consonantes de una palabra omitiendo las vocales, y tampoco podemos decir que se trate de una representación de varios elementos por uno escogido entre ellos. Nos hallamos ante algo muy diferente y mucho más complicado.
Un segundo efecto de la elaboración onírica consiste en el desplazamiento, el cual, afortunadamente, nos es ya algo conocido, pues sabemos que es por completo obra de la censura de los sueños. El desplazamiento se manifiesta de dos maneras: haciendo que un elemento latente quede reemplazado no por uno de sus propios elementos constitutivos, sino por algo más lejano a él; esto es, por una alusión, o motivando que el acento psíquico quede transferido de un elemento importante a otro que lo es menos, de manera que el sueño recibe un diferente centro y adquiere un aspecto que nos desorienta. La sustitución por una alusión existe igualmente en nuestro pensamiento despierto, aunque con algunas diferencias. En el pensamiento despierto, la alusión ha de ser fácilmente inteligible y debe haber entre ella y la idea sustituida una relación de contenido. También el chiste se sirve con frecuencia de la alusión, sin atenerse ya a la condición asociativa entre los contenidos y reemplazando esta asociación por una asociación externa inhabitual fundada en la semilicadencia, en la multiplicidad de sentidos de algunas palabras, etc.; pero observa, sin embargo, rigurosamente la condición de inteligibilidad, pues no causaría efecto «chistoso» ninguno si no pudiésemos llegar sin dificultad desde la alusión al objeto de la misma. En cambio, la alusión del desplazamiento onírico se sustrae a estas dos limitaciones. No presenta sino relaciones por completo exteriores y muy lejanas con el elemento al que reemplaza, y resulta de este modo ininteligible, mostrándosenos, en su interpretación, como un chiste fracasado y traído por los cabellos. La censura de los sueños no alcanza su fin más que cuando consigue hacer inaccesible el camino que conduce de la alusión a su substrato.
El desplazamiento del acento psíquico es un proceso nada habitual en la expresión de nuestros pensamientos y del que sólo nos servimos alguna vez cuando queremos producir un efecto cómico. Para darnos idea de la desorientación que ocasiona, os recordaré una conocida anécdota: Había en un pueblo un herrero que se hizo reo de un sangriento crimen. El tribunal decidió que dicho crimen debía ser castigado; pero como el herrero era el único del pueblo, y, en cambio, había tres sastres, se ahorcó a uno de éstos en sustitución del criminal. El tercer efecto de la elaboración onírica es, desde el punto de vista psicológico, el más interesante. Consiste en la transformación de las ideas en imágenes visuales. Esto no quiere decir que todos los elementos del contenido latente sufran esta transformación, pues muchas de las ideas que integran dicho contenido conservan su forma y aparecen como tales ideas o como conocimientos en el sueño manifiesto. Por otro lado, no es la de imágenes visuales la única forma que las ideas pueden revestir. Mas, de todos modos, resulta que dichas imágenes constituyen lo esencial de la formación de los sueños. Esta parte de la elaboración es la más constante, y para elementos aislados del sueño conocemos ya la «representación verbal plástica».
Es evidente que este efecto no resulta fácil de obtener. Para haceros una idea de las dificultades que presenta, imaginaos que habéis emprendido la tarea de reemplazar el artículo de fondo de un diario político por una serie de ilustraciones; esto es, de sustituir los caracteres de imprenta por signos figurados. Os será fácil y hasta cómodo reemplazar por imágenes las personas y los objetos concretos de que dicho artículo trate; pero tropezaréis con grandes dificultades en cuanto abordéis la representación completa de palabras abstractas o de aquellas partes del discurso que expresan la relación entre las ideas, tales como las partículas, conjunciones, etc. Para las palabras abstractas podéis serviros de toda clase de artificios. Intentaréis, por ejemplo, transcribir el texto del artículo en una distinta forma verbal, quizá poco corriente, pero que contenga más elementos concretos y susceptibles de representación. Recordaréis entonces que la mayor parte de las palabras abstractas son palabras que fueron anteriormente concretas e intentaréis remontaros siempre que podáis a dicho sentido concreto primitivo. De este modo os encantará, por ejemplo, poder representar la posesión (besitzen) de un objeto por su significación concreta, que es la de hallarse sentado sobre él (daraufstizen). No de otro modo procede la elaboración onírica, y comprenderéis que en estas condiciones no ha de ser muy justo exigir a sus resultados una gran precisión. Así, pues, habréis de permitir sin protesta que dicha elaboración reemplace un objeto tan difícil de expresar por medio de imágenes concretas, como el adulterio (Ehebruch-ruptura de matrimonio) por una fractura de una pierna (Beinbruch). Conociendo estos detalles, podréis corregir hasta cierto punto las torpezas de la escritura figurada cuando la misma haya de reemplazar a la escritura verbal.
Pero cuando se trata de partes del discurso que expresan relaciones entre las ideas, tales como «porque» o «a causa de», etc., carecemos de estos medios auxiliares y nos será, por tanto, imposible transformar en imágenes estos elementos del texto. Del mismo modo, queda reducido, por la elaboración onírica, el contenido de las ideas de los sueños a su primera materia, constituida por objetos y actividades. Habremos, pues, de contentarnos con hallar la posibilidad de traducir por medio de una mayor sutileza de las imágenes las relaciones que no son susceptibles de una representación concreta, procedimiento análogo al que utiliza la elaboración, la cual consigue expresar determinadas partes del contenido de las ideas latentes por medio de cualidades formales del sueño manifiesto, tales como su mayor o menor oscuridad, su división en varios fragmentos, etc. El número de sueños parciales en los que se descompone un sueño corresponde, en general, al número de temas principales o series de ideas del contenido latente. Un breve sueño preliminar desempeña, con relación al sueño principal subsiguiente, el papel de una introducción o una motivación, y una idea latente secundaria que viene a añadirse a las principales queda reemplazada, en el sueño manifiesto, por un cambio general. Vemos, pues, que la forma de escena intercalada en el conjunto particular de cada sueño posee especial importancia, y exige ya por sí sola una interpretación. Aquellos sueños que se producen en una misma noche presentan con frecuencia idéntico significado y testimonian de un esfuerzo encaminado a dominar en sus grados sucesivos una excitación de creciente intensidad. Por último, también en un solo sueño puede ser representado un elemento de difícil transcripción por símbolos múltiples.
Prosiguiendo esta comparación de las ideas latentes con los sueños manifiestos que las reemplazan, realizamos toda una serie de inesperados descubrimientos, entre ellos el singularísimo de que también el absurdo y el desatino de los sueños poseen su particular significación. Es éste el punto en el que la oposición entre la concepción médica y la psicoanalítica de los sueños alcanza su máxima intensidad. Conforme a la primera, el sueño es absurdo por haber perdido la actividad psíquica que le da origen toda facultad crítica. Por lo contrario, según nuestra concepción, el sueño se hace absurdo cuando ha de expresar en su contenido manifiesto una crítica o juicio, que, formando parte del contenido latente, tachan algo de absurdo o desatinado. En un sueño que ya conocéis- el de los tres billetes de teatro por un florín cincuenta céntimos -hallamos un acabado ejemplo de este género. El juicio formulado en él era el siguiente: «Fue un absurdo casarse tan pronto.» Observamos también, en el curso de nuestra labor interpretadora, qué es lo que corresponde a las dudas e incertidumbres que con tanta frecuencia manifiesta el sujeto sobre si un cierto elemento ha entrado o no a formar realmente parte de su sueño. Estas dudas y vacilaciones no encuentran, por lo general, nada que a ellas corresponda en las ideas latentes y son tan sólo un efecto de la censura, debiendo relacionarse con una tentativa parcialmente conseguida de supresión o represión.
Otro sorprendente descubrimiento es el de la forma en la que la elaboración trata a las antítesis integradas en el contenido latente. Sabemos ya que las analogías y coincidencias existentes dentro de dicho contenido son sustituidas, en el sueño manifiesto, por condensaciones. Pues bien: con las antítesis sucede algo idéntico, y son, por tanto, expresadas por el mismo elemento manifiesto. De este modo, todo elemento manifiesto susceptible de poseer un contrario puede aparecer empleado tanto en su propio sentido como en el opuesto, y a veces en ambos simultáneamente. El sentido total del sueño orientará en estos casos nuestra interpretación. Tan singular procedimiento nos explica que en los sueños no hallemos nunca representada, inequívocamente por lo menos, la negación absoluta. Este extraño mecanismo de la elaboración encuentra una feliz analogía en la evolución del idioma. Muchos filólogos afirman que en las lenguas más antiguas las antítesis fuerte-débil, claro-oscuro y grande-pequeño eran expresadas por el mismo radical (la oposición de sentido en las palabras primitivas). Así, en el egipcio primitivo «ken» significaba fuerte y débil. Para evitar las equivocaciones que podían resultar del empleo de tales palabras ambivalentes se recurría, en el lenguaje oral, a una entonación o a un gesto que variaban con el sentido que se quería dar a la palabra y en la escritura se añadía a la misma un determinativo; esto es, una imagen no destinada a ser pronunciada. «Ken», en su significado de fuerte, se escribía añadiendo a la palabra una imagen que representaba la figura de un hombre en pie, y cuando su significado era el de débil, se añadía a la misma la figura de un hombre en cuclillas. Sólo en épocas posteriores llegó a obtenerse, por ligeras modificaciones de la palabra ambivalente primitiva, una designación especial para cada uno de los comentarios que englobaba.
De este modo se llegó a desdoblar ken (fuerte-débil) en ken-fuerte y ken-débil. Varias lenguas más jóvenes y hasta algunas de las actuales han conservado numerosas huellas de esta primitiva oposición de sentidos.
Os citaré aquí algunos ejemplos que tomo de la obra de K. Abel (1884):
El latín presenta las palabras ambivalentes que a continuación transcribimos: altus (alto-profundo); sacer (sagrado-maldito).
Y los siguientes casos de modificaciones del mismo radical: clamare (gritar), clam (silencioso-sereno, secreto); siccus (seco), succus (jugo).
En alemán: stimme (voz), stumm (mudo).
La comparación de idiomas afines proporciona numerosos ejemplos del mismo género:
Inglés: lock (cerrar), alemán loch (agujero), lücke (vacío-solución de continuidad).
Inglés: cleave (hendir), alemán: kleben (pegar).
La palabra inglesa without, cuyo sentido literal es con-sin, no se emplea hoy sino en el sentido de sin, pero las palabras compuestas withdraw y withold prueban que la palabra with fue empleada para designar no solamente una suma sino también una sustracción. Lo mismo sucede con la palabra alemana wieder.
Todavía otra particularidad de la elaboración onírica encuentra un paralelo en el desarrollo del lenguaje. En el antiguo egipcio, como en otras lenguas más recientes, sucede a veces que el orden de sucesión de los sonidos de las palabras se invierte sin que el sentido cambie. He aquí algunos ejemplos de este género, sacados de la comparación del inglés con el alemán.
Topf (puchero) -pot; boat (barco) -tub; hurry (apresurarse) -Ruhe (reposo); Balken (viga) -Kloben (leña) y club; wait (esperar) - täuwen. Y comparando el latín y el alemán:
Capere (coger) -packen; ren (riñón) -Niere.
Inversiones de este género se producen en el sueño en varias formas diferentes. Conocemos ya la inversión del sentido; esto es, la sustitución de un elemento por su contrario. Pero, además, se producen en los sueños inversiones de la situación y de las relaciones entre dos personas, como si todo sucediese en un «mundo al revés». En el sueño es con frecuencia la liebre la que trata de cazar al cazador. La sucesión de los acontecimientos queda también invertida muchas veces, de manera que la serie antecedente o causal se sitúa después de aquella que normalmente debería seguirle. Es esto algo semejante a cuando, en las representaciones de aficionados o cómicos de la legua, cae muerto en escena el protagonista antes que entre bastidores suene el disparo que debía matarle. Hay también sueños en los que el orden de los elementos queda totalmente invertido, y, por tanto, si queremos hallar su sentido, habremos de comenzar nuestra interpretación por el último de dichos elementos y terminarla por el primero. Recordaréis, sin duda, que en nuestro estudio sobre el simbolismo de los sueños demostramos que sumergirse o caer en el agua significaba lo mismo que salir de ella, esto es, parir o nacer, y que gatear por una escala o subir una escalera tenía el mismo sentido que descender por ellas. Fácilmente se observan las ventajas que la deformación de los sueños puede extraer de una tal libertad de representación.
Estas particularidades de la elaboración onírica deben ser consideradas como rasgos arcaicos, pues son igualmente inherentes a los antiguos sistemas de expresión; esto es, a las antiguas lenguas y escrituras, en las que originan las mismas dificultades. De estas dificultades trataremos más adelante en relación con determinadas observaciones críticas. Para terminar, formularemos algunas consideraciones suplementarias. En la elaboración onírica se trata evidentemente de transformar en imágenes sensoriales, y con preferencia visuales, las ideas latentes verbalmente concebidas. Ahora bien: todas nuestras ideas tienen como punto de partida tales imágenes sensorias. Sus primeros materiales y sus fases preliminares fueron impresiones sensoriales, o más exactamente, las imágenes mnémicas de dichas impresiones. Sólo más tarde se enlazaron palabras a estas imágenes y se reunió las palabras en ideas. La elaboración hace, pues, sufrir a las ideas una marcha regresiva, un desarrollo retrógrado, y en el curso de esta regresión debe desaparecer todo lo que la evolución de las imágenes mnémicas y su transformación en ideas ha podido aportar a título de nuevas adquisiciones.
Tal sería, pues, el mecanismo de la elaboración onírica. Ante los procesos que su examen nos ha revelado, nuestro interés por el sueño manifiesto ha tenido que pasar a un segundo término. Mas como el sueño manifiesto es lo único que conocemos de un modo directo, habré de consagrarle aún algunas observaciones. Es muy natural que el sueño manifiesto vaya perdiendo a nuestros ojos en importancia. Ya nos importa muy poco que se halle bien compuesto o que parezca disociado en una serie de imágenes aisladas sin conexión alguna. Aun aquellas veces en que presenta una apariencia significativa sabemos que ésta debe su origen a la deformación y que su relación orgánica con el contenido interno del sueño puede ser tan escasa como la existente entre la fachada de una iglesia italiana y su estructura y planta. Sin embargo, hay sueños en los que, reproduciendo esta fachada, sin deformarlo o deformándolo apenas, un elemento constitutivo importante de las ideas latentes llega a poseer por sí misma un sentido. Pero es éste un hecho imposible de comprobar hasta después de haber efectuado la interpretación del sueño de que se trata y averiguado así el grado de deformación a que ha sido sometido. Análoga duda surge en aquellos casos en los que dos elementos del sueño se nos muestran íntimamente relacionados.
De este hecho puede deducirse la conclusión de que los elementos correspondientes del sueño latente deben de hallarse igualmente próximos, pero también puede suceder que a esta íntima relación manifiesta corresponda una total disociación latente. Debemos guardarnos, en general, de querer explicar una parte del contenido manifiesto por el resto del mismo, como si el sueño se hallase concebido coherentemente y formase una representación pragmática, pues, por lo contrario, semeja más bien, en la mayoría de los casos, a un mosaico hecho con fragmentos de diferentes piedras reunidas por un cemento y en el que los dibujos resultantes no corresponden a los contornos de ninguno de sus elementos constitutivos. Existe, en efecto, una elaboración secundaria de los sueños, que se encarga de transformar en un todo aproximadamente coherente los datos más inmediatos del sueño, pero que lo hace ordenando los materiales conforme a un sentido independiente e introduciendo complementos allí donde lo cree necesario.
Por otra parte, no hay que exagerar la importancia de la elaboración ni atribuirle un excesivo alcance. Su actividad se limita a los efectos que hemos enumerado, condensar, desplazar, realizar la representación plástica y someter después la totalidad a una elaboración secundaria, es todo lo que la elaboración onírica puede hacer y nada más. Los juicios, las apreciaciones críticas, el asombro y las conclusiones que aparecen en los sueños no son jamás los efectos de la elaboración y sólo raras veces de una reflexión sobre el sueño; en la mayoría de los casos son fragmentos de ideas latentes que han pasado al sueño manifiesto después de haber sufrido determinadas modificaciones y una cierta adaptación del mismo. La elaboración no puede tampoco componer discursos. Aparte de algunas raras excepciones las frases que en el sueño oímos o pronunciamos son ecos o yuxtaposiciones de palabras oídas o pronunciadas en el día que precedió al sueño y han sido introducidas en las ideas latentes como materiales del sueño o estímulos del mismo. Los cálculos escapan igualmente a la competencia de la elaboración, y aquellos que en el sueño encontramos son casi siempre yuxtaposiciones de cifras y simulaciones de cálculos totalmente desprovistas de sentido, o también simples copias de operaciones efectuadas en las ideas latentes.
Dadas estas circunstancias, no debe asombrarnos ver que el interés que habíamos dedicado a la elaboración se aparta ahora de ella para dirigirse a las ideas latentes, que más o menos deformadas se transparentan en el sueño manifiesto. Pero será equivocado exagerar este cambio de orientación hasta el punto de sustituir, en las consideraciones teóricas, al sueño mismo por sus ideas latentes y referir a estas últimas cosas que sólo al primero resultan aplicables. Es singular que se haya podido abusar de los datos del psicoanálisis para establecer esta confusión. El «sueño» no es otra cosa que el resultado de la elaboración, o sea la forma que la misma imprime a las ideas latentes.
La elaboración onírica es un proceso de singularísima naturaleza, sin paralelo alguno en la vida psíquica. Sus condensaciones, desplazamientos y transformaciones regresivas de las ideas en imágenes son novedades cuyo descubrimiento constituye ya de por sí una generosa recompensa de los trabajos psicoanalíticos. Por las analogías que la elaboración muestra con procesos pertenecientes a otros dominios científicos, habréis podido además comprobar las interesantísimas relaciones de los estudios psicoanalíticos con diversas cuestiones aparentemente muy lejanas a ellos, tales como la evolución del lenguaje y del pensamiento. Pero cuando os daréis cuenta de toda la importancia de estos nuevos conocimientos será al saber que los procesos de la elaboración onírica constituyen el prototipo de aquellos que presiden la génesis de los síntomas neuróticos. Claro está que no nos es posible abrazar con un solo golpe de vista todas las consecuencias que la Psicología puede extraer de estos trabajos. Por tanto, me limitaré a llamaros la atención sobre las nuevas pruebas que hemos podido obtener en favor de la existencia de actos psíquicos inconscientes -las ideas latentes del sueño no son otra cosa- y sobre el insospechado auxilio que la interpretación de los sueños nos procura para el conocimiento de la vida psíquica inconsciente. En la próxima lección analizaré ante vosotros algunos pequeños ejemplos de sueños, con objeto de haceros ver en detalle lo que hasta ahora no he presentado sino de una manera sintética y general a título de preparación.
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